Vuelta de Ankalli.


A orillas del Virú 1525

Ankalli (Ligero, rápido en el andar) Narrador.

Cuenta su vuelta a la Aldea después de una experiencia terrorífica, comenzó en el viaje de 1490.

Acabo de volver a la Aldea, pero he de empezar situando mi historia. Han pasado más de 20 años desde aquel viaje al sur en busca de metales. La MAMA-COYA Tintaya nos mandó con esa misión, fue un viaje bastante movido, pero agradable. Tuvimos la oportunidad de conocer muchos sitios. Estábamos viendo aquel magnífico Tatuaje de la Pachamama cuando nos refugiamos de unos vientos agresivos en una extensa bahía, junto a la playa, unas grandes rocas daban refugio a cientos de aves cuando el huracán arreciaba.

Cuando después de unos días detenidos nos pusimos en marcha, azuzados por la urgencia de volver y por los gritos de ánimo de Nina (Mujer vivaz) no fuimos capaces de controlar las balsas y el oleaje nos arrastró con furia hacia el norte, esa situación duró varios días. En medio de una tormenta, con vientos recios y racheados fui golpeado por una ola, caí al mar y casi inconsciente por la embestida vi la balsa -con mis compañeros- alejarse hasta perderse en la lejanía.

No sé explicar: cómo recuperé la conciencia en la orilla de la playa. Al principio no comprendía dónde estaba, aunque en cuanto pude me puse en movimiento, no en vano siempre estuve orgulloso de mi nombre. No recuerdo bien, solo tengo la idea de seguir la línea de la costa hacia el norte hasta la desembocadura de un río bastante caudaloso. Al no tener como cruzarlo, avance por una orilla deseando encontrar alguna aldea. Había pasado muy poco tiempo y con el cielo cubierto de nubes altas, pero sin dejar nada de lluvia, se oscurecía la tarde mitigando el calor. Desde un pequeño cerro, que descubrí era el cementerio, pude intuir una gran ciudad -en la cima-, hacia ella llegaban caminos y yo me acerqué con desconfianza, no sabía dónde estaba ni con quienes.

Era la Ciudadela de Chinchaycamac, la capital de un Imperio. Al andar por sus calles lo descubrí: había tenido relación con ellos, cuando sus navegantes pasaban por la Aldea del Mar en sus viajes hacia el norte, por eso yo los conocía y ahora los estaba viendo; era una ciudad con dos pirámides de adobe inmensas. En la más alta, cada piso lo ocupaban oficinas y talleres, en el último se situaba la residencia del Cacique de Chincha. De pronto me acordé: uno de aquellos comerciantes, al pasar por nuestra Aldea, se detuvo pues su balsa necesitaba reparación. Yo le ayudé y tengo muy clara su cara ante mis ojos, pero no consigo acordarme de su nombre. Necesito buscarlo, pues si él o alguno de sus amigos hace un viaje comercial al norte, podrá llevarme a casa. Con este pensamiento me encaminé al Barrio de los Navegantes. Ocupa una zona muy extensa cerca de la pirámide del Cacique, por allí solo había callejones y recovecos separando las viviendas, aunque también encontré algunas plazas más extensas. Empecé a escuchar: unos se dedicaban al comercio en dirección al sur y otros hacia el norte. Dando vueltas y preguntando se me paso el día, por la noche me acurruqué en una de las plazas, después de comer algunas frutas recogidas por el camino. Comencé el nuevo día con la ilusión de encontrar a quien me podría ayudar, era demasiado el premio. Seguí buscando, mirando y preguntando. Sabía más o menos la fecha de su paso por el Virú, con ese dato me fui acercando a mi salvación. Me costó un día más y muchas desilusiones, pero al fin me llegó la recompensa, estaba frente a Yupanki (El que honra a sus ancestros) al que con tanto ahínco había buscado. Me reconoció y recordó mi participación en aquel momento delicado de su navegación.

-En aquella ocasión -me dijo, invitándome a su mesa- veníamos del norte, de unas islas donde habíamos cambiado: nuestro cobre y cerámicas por Mullu ¿tú sabes algo del Mullu?

-Por supuesto-dije- por lo que sé es muy caro, lo debéis ir a buscar mucho más al norte de mi río y es el caparazón de un molusco; de color rosado y de tacto áspero. Es muy llamativo, con él se hacen todo tipo de adornos.

-El uso del Mullu -me dijo Yupanki- en las ropas como en los collares y pulseras, está reservado a los nobles. Las cosas hechas con el mullo son para ocasiones importantes. En ofrendas rituales o adornos de dignidad.

-Por lo oído -recordé- debe ser muy difícil pescarlos.

-Pues sí, para conseguirlo -apostillo- se sumergen en el mar, lo encuentran enterrado en la arena del fondo, es una labor costosa y hasta peligrosa.

Seguimos conversando de muchas cosas de sus viajes, entonces le explique mi situación, el naufragio y mi deseo de volver a mi Aldea.

-Estoy organizando una caravana -continuó Yupanqui - de unos 200 porteadores. Llevaremos a Siquillapucara una cantidad importante de mullu. Para la vuelta de esa ciudad, trayendo la lana de alpaca, metales y orfebrería conseguida por el trueque de los 250 kilos de mullu, llevados para vender. Cada porteador conducirá 3 llamas cargando unos 30 kilos cada una, él trasportará sobre 10 kilos. Si tú quieres puedes venir, con ese trabajo me pagarías el viaje a tu Aldea, pues luego tengo pensado montar una navegación al norte para conseguir más Mullu.

-Por supuesto -dije con ilusión- cuenta conmigo es la mejor forma de regresar. Siempre te estaré agradecido.

Y siguiendo la costumbre de aquellos tiempos, empezamos a hablar de los incaicos.

-Y como llegaron -pregunte- los incaicos a estas tierras.

-El ejército incaico -me respondió- quiso establecer una relación de amistad no una conquista. Dijeron querer solo la aceptación de la superioridad cuzqueña y entregaron obsequios mostrando la magnificencia del Emperador Inca. Nosotros no tuvieron problemas para reconocer al Inca y continuar viviendo pacíficamente en nuestros dominios. Pero por esas negociaciones el Cacique debe pasar varios meses al año viviendo a la corte del Inca, donde le otorgan los máximos honores, es el único llevado en andas junto al Inca, pero a la vez manifiesta la sumisión de su pueblo a los Incaicos.

La otra pirámide es el templo, que no aumentaba con cada nuevo Cacique, como sucede en el Templo de vuestra Aldea, pero es muchísimo más grande. A su alrededor se construyeron otras pirámides más pequeñas. Los espacios intermedios se dividieron con altos y gruesos muros formando plazas amuralladas separadas por estrechos pasadizos. Esa zona alberga las casas de los artesanos de plata, textiles, madera y cerámica.

Los comerciantes chincha mantenemos rutas comerciales por tierra con caravanas utilizando como bestias de carga las llamas; llegamos hasta el Cusco. Además, los chincha aprendimos habilidades marinas; y nuevos conocimientos como la construcción de barcas con troncos de balsa, las más grandes capaces de transportar veinte personas además de una gran carga, y el uso de la vela.

Después de unos días se puso en marcha la caravana. Buscando el camino del interior, luego de muchas vueltas y en pocas jornadas llegamos al valle del Mantaro. En una de las cimas vi una ciudad: Siquillapucara era la capital de la confederación Xauxa-Huaca está fortificada, por una parte unas laderas muy empinadas le sirven de defensa natural, por otras la circundan tres murallas concéntricas de piedra. No hay calles, sino pasadizos en laberinto. Las casas son de piedra y barro con planta de forma circular, con solo piso y techo de paja, aunque existen algunas con techo abovedado con lajas de piedra. Nada más llegar sentí la tristeza de sus habitantes, al preguntar me contaron:

-Hace unos diez años vino el ejército incaico a nuestro valle, al frente venía el Inca Pachacutec. Fueron sometiendo a pequeñas aldeas en su avance, pero al llegar a Siquillapucara, nos rodearon y como es su costumbre nos exigieron pagar tributos y ser sus vasallos.

-Y fuisteis aplastados, nosotros también tenemos historias en las relaciones con los incaicos -dije, queriendo dejar claro cuál era mi postura con ese pueblo invasor.

-Les costó bastante -me informó Aruni (Elocuente)- pero eran tantos y nos cercaron. El hambre y la sed nos obligó a salidas desesperadas, causando grandes daños a su ejército, por eso cuando terminamos rindiéndonos, Pachacutec ordenó la mutilación de las dos manos a todos los varones y la mutilación de la mano derecha a todas las mujeres.

-Si te he visto y a muchos sin manos -dije con espanto- pero no me imaginaba a un Inca tan cruel.

-Los jóvenes -continuó Aruni- que en la actualidad tienen 20 años se libraron, pues apenas tenían 10 cuando el castigo y ahora están cada vez más inquietos. Además muchos de los castigados han inventado armas: porras, lanzas; se las sujetan a los brazos con cuerdas, y son capaces de causar estragos, entre los enemigos. Hace unos días vinieron los enviados del Inca, y nuestro Jefe rechazó toda sus imposiciones.

-Pero eso - opiné con pena- supondrá volver a la guerra con el nuevo Inca.

-Por supuesto, sin embargo es necesario -me dijo Aruni y me preguntó- he visto la caravana en la que vienes ¿traéis algo para el Hatun Curacas?

-Para él, creo es el Mullu -le dije- al venir hemos oído rumores sobre los movimientos del ejército incaico. Cada vez están más peligrosos los caminos.

Las noticias del avance desde el Cusco, con el inca Tupac Yupanki a la cabeza eran más y más insistentes y cuando intentamos volver después del trueque, resultó imposible, todos los caminos estaban cortados por los cuzqueños. Nos encontrábamos atrapados en una guerra y debería atenerme a las consecuencias.

Cuando Túpac Yupanki invadió el valle, en plan de conquista, el jefe de nuestros espías, nos contó la conversación, con uno de sus generales:

-Cuando esta ciudad se opuso a tu padre, el glorioso Pachacutec, nos costó someterla y fue castigada de modo ejemplar: cortándoles las manos a sus habitantes.

-Deben de ser los más jóvenes -aportó otro de sus oficiales- sin experiencia de guerra. Será fácil someterlos.

Nos resistimos y la ciudad de Siquillapucara fue cercada. El asedio duró más de una Luna. Algo le hicieron al manantial, y dejó de llegar agua por la acequia. Causaron incendios alrededor de la ciudad dificultando con el humo la respiración, al fin fuimos vencidos por el hambre y la sed, las provisiones se agotaron. Los soldados incaicos entraron en la ciudad y fueron muchos los enfrentamientos. Los mutilados se defendieron con las armas inventadas, causando destrozos y pánico entre los enemigos, pero como siempre sucedía, la multitud de soldados al final se imponían sobre nuestro arrojo y valor.

Una vez derrotados fuimos deportados en masa a la región septentrional de Chachapoyas. La orden se cumplió y la imponente ciudad fue despoblada para siempre. La rabia del vencedor no quedó allí; Túpac Yupanqui ordenó:

-Derribad viviendas, palacios y templos. Todo echarlo por los suelos, salvo ocho casas, dejarlas intactas para la eterna ignominia de esta obstinada ciudad. Además no se llamará Siquillapucara será: Tunanmarca (quechuas: Tunan que significa punta; y marca, que quiere decir pueblo).

Hombres y mujeres abandonamos las tierras y las casas. Nos convertimos en "pinakuna" ocupamos un nivel inferior en la escala social incaica. Éramos propiedad del estado, enviándonos a trabajar en zonas de difícil acceso. Después de un largo viaje arribamos a una ciudad, Kuélap, en la cresta de una sierra. Nos topamos con un enorme muro de piedra de 20 metros de altura y con tres puertas, tras cada una de ellas encontramos un pasillo en forma de embudo. Se estrechaba obligando a pasar de uno en uno, un infalible sistema defensivo. Esta ciudad jamás fue conquistada por los incaicos, por eso el Inca Tupac Yupanki nos llevó allá, para cultivar los campos de coca y actuar como oposición a los habitantes de esta zona: los chachapoyas.

Éramos esclavos, no pertenecemos a ninguna persona o instituciones: solo somos propiedad del Inca quien decidía sobre nuestra vida o muerte. No trabajábamos en las minas, canteras ni otras construcciones estatales, esa era misión de la Aldea más cercana. No participamos en la guerra, ni se nos permite portar armas, ni viajar. Tampoco el Inca nos puede regalar a sus favoritos, ni a sus esposas, ni siquiera a sus guerreros triunfantes, no éramos objeto de venta, arrendamiento ni préstamo. Pero nuestra vida era muy dura por el lugar donde debíamos vivir: zonas con aguas contaminadas, con clima caluroso y húmedo, enjambre de insectos. Y sobre todo la terrible e incurable enfermedad de úlceras faciales la uta: carcomiendo nuestro rostro y desfigurándolo.

Y empezaron a pasar los años, yo seguía añorando a mi familia y mi aldea, cada vez las veía más lejos, pero nunca deje de pensar y desear que mi suerte cambiara. Seguía rondando la idea de escapar en mis conversaciones.

-Todavía no estoy enfermo -razonaba- mientras no tenga ninguna marca señalándome como esclavo, podré huir.

-Pronto se dará una oportunidad -afirmó Aruni (Elocuente)- siempre se presenta algunas posibilidades de escapar, cuando hay más soldados y caminantes hacia Cusco, para celebrar el Inti Raymi. Si uno yendo solo, se aleja de esta zona y se incorpora a alguna caravana, puede pasar desapercibido. Yo no me arriesgaría.

-Pues yo, si-afirmé sin pensarlo mucho- necesitó marchar con mi familia, además yo no tengo nada que ver con vuestra guerra.

Debo reconocer el apoyo de algunos de los llevados desde Siquillapucara, se arriesgaron consiguiéndome ropa de los incaicos para poder camuflarme. Y una mañana con la determinación de la furia me alejé por los montes, después de esta andado todo el día, con la oscuridad me acerqué al Camino Real, y como me había dicho Arumi, con facilidad me incorporé a una caravana camino del Cusco. Me acerqué a unos viajeros, una familia formada por Hawka (Libre de preocupaciones) y su esposo Limachi (Conocedor de los caminos). Vestidos a la usanza cuzqueña, la ropa colorista llena de bordados geométricos, un chullo en la cabeza y a la espalda, la chuspa (bolsa), con las hojas de coca, la quena y las llamas cargadas con la comida para el viaje, con la mirada cansada y ademanes pausados, casi tímidos. Cuando empezamos a hablar, descubrir su extraña situación: no pertenecían a ninguna aldea, su vida discurría por los caminos, de pueblo en pueblo llevando sus historias. Sobre una llama transportaba unas mantas enrolladas; luego vi representaban los Incas y algunos hechos especialmente gloriosos. Algo debieron sospechar de mi situación, pero me permitieron acompañarlos con el disfraz de sirviente, a ese lugar yo estaba últimamente muy acostumbrado.

Se detuvieron en un Tambo y resultó no ser la primera vez, Apumayta (Señor bondadoso) el Jefe el Tambo, los recibió con muestras de contento, ofreciéndole alojamiento durante tres días a cambio de sus narraciones. Limachi y Hawka aceptaron encantados, le dijeron:

-Marchamos hacía el Cusco queremos asistir a la fiesta de Inti Raymi, la instauró el Inca Pachacutec en honor a su padre el Sol hace ya bastantes años. Solo pedimos, poder descansar hasta mañana, entonces os narraremos grandes hechos acaecidos en el pasado.

Por toda la zona alrededor del Tambo, se difundió la noticia y al día siguiente un grupo numeroso de personas se instalaron a la sombra de los árboles dispuestos a escuchar.

HAWKA (poniéndose en pie comenzó a narrar)

-Hace mucho, mucho tiempo. Un pueblo se vio obligado huir de las orillas del lago Titicaca ante los ataques de gentes belicosas. Después de una larga caminata de varios días llegaron al valle del Cusco, pero allí regía un pueblo guerrero: los chancas. Empezaron la construcción de su ciudad: la llamaron el Cusco (el ombligo del Mundo), no estaban dispuestos a dejarse avasallar una vez más. Debían conseguir el respeto de pueblos aguerridos luchando por la misma zona. Pronto el Cusco fue considerado como un reino pequeño pero cada vez más poderoso. Y eso lo convirtió en un rival y un botín lucrativo para las tribus circundantes.

Cuando finalmente los Chancas atacaron a Cusco, el Inca Huiracocha creyó imposible defender la ciudad, las fuerzas Chancas eran superiores. Tanto él como su sucesor e hijo, el Inca Urco, huyeron presos del pánico, dejando la ciudad y sus habitantes a su suerte.

Pero su hijo menor, Pachacútec, se quedó y rápidamente reunió a los menos aterrorizados y montó la defensa. Organizó las fuerzas rápidamente y se mantuvo al frente.

Esa noche rezó al Dios Creador incaico: Wiracocha-Huiracocha, este se le apareció y juró ayudarlo. Pachacútec no iba a ser el sucesor de su padre, de ninguna manera. La oportunidad se presentó y el futuro Inca Pachacútec -¿el hombre más grande de América?- se puso al frente de aquellos Quechuas. Fue cuando se le comenzó a llamar incaico pues su jefe era el Inca, un pueblo en extremo belicoso, acostumbrado al esfuerzo y el trabajo duro, austero, casi inexpresivo, de férrea voluntad y cuerpo resistente.

Detuvo la narración; se sentó comenzando a hacer música.

LIMACHI (se puso en pie y caminando en torno de la hoguera, continuó con voz solemne)

-Los guerreros Chancas, iniciaron un asalto, en cuatro frentes, contra la ciudad nada más amanecer. Pachacútec y su grupo de seguidores lucharon con increíble resistencia y determinación, aunque superados en número. Todos los ciudadanos de Cusco, incluidas mujeres y niños, se unieron a la batalla por su ciudad. Cuando desde los cerros cercanos, las fuerzas huidas, vieron como Pachacútec lograba contener a los atacantes, recuperaron el coraje y regresaron para ayudar. Con estos refuerzos, Pachacútec defendió con éxito el Cusco y logró una gran victoria contra los Chancas.

En su intento por mostrarse ante su padre como un líder y hasta merecer ser un sucesor capaz, Pachacútec (conocido como Yupanqui en ese momento) le otorgó el botín de la batalla sometiéndose a su autoridad. Su padre lo recibió, pero lamentablemente se lo entrego a su sucesor el Inca Urco, esto fue un insulto público al joven Pachacútec.

La suerte o -como él sostenía- la ayuda de Wiracocha, le dio muy pronto su segunda oportunidad. Los Chancas se reagrupaban para un asalto renovado y en mayor número. Al enterarse, Pachacútec se apresuró con sus fuerzas con la intención de tenderles una emboscada. Lo logró, encontrando al ejército Chancas cuando aún estaba preparándose, y su ataque sorpresa fue brillante. Siguió una feroz batalla y Pachacútec logró decapitar al líder chanca. Al ver esto, los soldados enemigos huyeron, y muchos murieron en la huida. Pachacútec regresó a Cusco como un héroe glorificado. No solo defendió la ciudad, sino que también consiguió una gran derrota contra los enemigos tradicionales de los incaicos: los chancas.

Inca Urco no lo aceptó y se sublevó junto a un pequeño ejército, pero a Pachacútec no le cogió por sorpresa y en un enfrentamiento le venció. Como castigo mandó descuartizarlo y lanzar sus restos a un barranco.

HAWKA (volvió a ponerse en pie, la ayudé a extender entre dos árboles una tela bordada, prosiguió ante el asombro de los escuchantes, mientras su esposo se sentaba y comenzaba a tocar suavemente la flauta).

-Comenzaron a llegar a la ciudad del Cusco numerosas llamas cargadas de ofrendas. Conforme se aproximaba el día de la ceremonia, los curacas invitados hacían su ingreso en la capital con gran fastuosidad rodeados por su séquito. Cada uno de los visitantes traía hermosos regalos en señal de reconocimiento: vistosas andas, queros decorados, suaves mantas, metales preciosos y exóticas plumerías. Llegado el día esperado, los sacerdotes hicieron una serie de sacrificios y plegarias, incluyendo la inmolación de niños formando parte del ritual conocido como Cápac Cocha. Después solemnemente su padre -el Inca Huiracocha- procedió a colocar la borla real Mascaipacha (símbolo del poder inca) en la cabeza del joven Yupanqui. Nombrándolo de allí en adelante, como Pachacútec Yupanqui Cápac Intichuri, es decir, (hijo del Sol, transformador del mundo). Ahí lo tenéis.

LIMACHI (se puso en pie, continuó con voz solemne)

-A través de una conquista despiadada y una astuta diplomacia, logró establecer el Imperio Incaico y cambiar el destino de este pueblo para siempre. Los hechos de su ascenso al poder y la expansión de su reino no tiene paralelo en los recuerdos de la historia, expandió su territorio de una sola ciudad a un vasto imperio, abarcando todo el oeste de América del Sur, y todo -solo- durante su vida.

Los siguientes veinte años Pachacútec, demostraría su valía como un gobernante sobresaliente. Reconstruyó y amplió la ciudad del Cusco e inició una serie de conquistas dando lugar al nacimiento del Imperio Incaico. Organizó el ejército y les dio una nueva misión: la de construir un imperio. Ese ejército se ganó la reputación de ser imparable pues contaba con el apoyo divino de su Padre Wiracocha-Huiracocha. Pero gran parte de su éxito se debía a sus armamentos y tácticas bien elaboradas. Un guerrero incaico iba equipado: con escudo de piel curtida, hondas, mazas y hachas de hueso y cobre.

El número de soldados, a veces desproporcionado ante los pequeños grupos de combatientes de las aldeas, suponía una ventaja dando a Pachacútec la fuerza necesaria en las batallas.

Después de reconstruir el Cusco, salió de la ciudad con un ejército de 40 mil soldados. Este número parece un poco exagerado, pero tal vez se contaban los refuerzos conseguidos en la marcha de ese ejército a través de tierras casi deshabitadas. El ejército señaló nuevas rutas, puentes fluviales y encrucijadas en lugares favorables y estratégicos y sentó las bases de la famosa red de caminos incaicos.

HAWKA (en este caso, Limachi extendió -con mi ayuda- otra imagen, hizo música creando un ambiente de creciente atención)

-Cuando encargó las expediciones conquistadoras a su hijo y sucesor Túpac Yupanqui, Pachacútec continuó con las remodelaciones de la capital del imperio: la ciudad del Cusco. Puso en marcha grandes construcciones: el templo de Qoricancha y la fortaleza de Sacsayhuamá, pero el aumento de la población demandaba más viviendas. Creó nuevos barrios, con nuevas plazas y "canchas"; también comenzó una serie de emprendimientos agrícolas: varias áreas cercana fueron utilizadas como sementeras. Se intensificó la producción agrícola gracias a la creación de canales y a los nuevos sistemas de almacenamiento y construcción de andenes consiguiendo mucha más tierra de cultivo.

Promulgó numerosas leyes y fue reconocido y valorado como el más grande Inca por sus contribuciones a la expansión y consolidación del naciente Imperio incaico.

Cuando Pachacútec murió, todo el imperio lloró durante un año y se sacrificaron niños. Además, se mataron alrededor de 3.000 llamas: 2.000 solo en Cusco.


Hacía tiempo el Inca Pachacutec había elegido a su hijo Túpac Yupanqui de 16 años para ceñir la borla amarilla de cogobernarte. Este hecho, bastante insólito, fue posible por el gran prestigio de Pachacutec, todos lo aceptaron, pero según la costumbre debía ser nombrado Hatun Auqui (príncipe heredero) por las panacas reales: la familia formada por toda la descendencia del Inca. Tomó como esposa principal a su hermana paterna Mama Ocllo.

A los 30 años, cuando murió su padre se hizo cargo de todo el poder. Durante su cogobierno y su gobierno empleó la mayor parte de su tiempo en campañas bélicas de conquista. Lo llamaron el "Inca viajero", por sus largas ausencias fuera de Cusco.

LIMACHI (se me acercó, y señalándome como si yo fuera represéntate de los pueblos sometido, continuó)

-Tupac Yupanqui dirigía el ejército reprimiendo todas las rebeliones. Además consiguiendo nuevas tierras y aldeas tributarias. La expansión imperial se basaba en la "paz en el interior conseguida por guerra en el exterior." Con esta idea los ejércitos incaicos al mismo tiempo: descubren, conquistaban y lo extendían. Dirigidos por Túpac Yupanqui crearon un imperio poderoso, con una expansión irresistible por toda la zona de los Andes. Una élite de soldados rodeaban constantemente al Inca durante sus viajes de conquista. Estas eran tropas de origen cuzqueño, pero después se incluyeron soldados destacados de otras tribus. Esta guardia imperial llegó a ser de unos 10.000 miembros. Gozaban de grandes privilegios, el Inca les alimentaba, les daba casa, ropa y muchos regalos de coca, joyas y esposas.

Derrotó a los Chachapoyas y se enfrentó al Imperio Chimú. Ante su resistencia, Túpac Yupanqui, elaboró una certera estrategia: secar el río Moche, principal proveedor de agua a la ciudad de Chan Chan. Como se encuentra en medio del desierto no tardó muchos días en rendirse.

En su avance de conquista solo los detuvo la selva amazónica por el oeste, debido a su clima y algunos animales: insectos y serpientes. La costa solo fue una dificultad, al llegar al mar, Túpac Yupanqui tenía sobre 25 años y se enteró por unos viajeros de la existencia de unas islas muy ricas y decidió organizar una expedición en barco. Durante meses los estuvieron fabricando, bajo la dirección de pescadores de la zona, cortaron totoras y las fueron entrelazando con sogas, en el centro construyeron una especie de habitación de madera. Cuando terminaban cada barco -practicando-hacían pequeños recorridos de prueba. Debieron aprender y acostumbrarse a navegar. Llegó el momento de partir y Túpac Yupanqui eligió a 2.000 soldados de los más experimentados en las artes de navegar. En cada barca iban 50 soldados, la gran flota estaba formada por 120 embarcaciones. Cada una, manejada por unos cuantos marineros de Tumbes y los soldados dirigidos por Túpac Yupanqui. Y se aventuraron en un viaje memorable.


Cuando ya algunas gentes les daban por perdido, hasta hubo un movimiento para nombrar a otro hijo de Pachacutec como heredero. Habían pasado más de dos años cuando un día empezaron a llegar -a distintas playas- las balsas supervivientes, aunque algunas se perdieron, la mayoría volvió. Contaron hazañas grandiosas y encuentros de islas, algunas habitadas, pero otras muchas pequeñas ínsulas llenas de leones marinos y focas. Volvieron con oro, plata, esmeraldas y animales raros, y también gente de piel negra. En el Imperio cuando algún niño era albino -muy poco frecuente- lo llevaban hasta el Inca pues al ser un signo de buena suerte, un hijo de la Luna, su presencia beneficiaría al Inca y a todo el Imperio, pero la piel negra era totalmente desconocida, empezaron a verlos como hijos de la noche y por tanto también signos beneficiosos y Tupac Yupanqui los llevó hasta su padre en el Cusco, allá tiritaban de frío, además por la falta de oxígeno, poco a pocos enfermaron y murieron.


En el atardecer el frío se fue intensificando y decidieron dejar el relato restante para otra ocasión, alrededor del fuego siguieron informando a los más interesados.


HAWKA (contó una última historia mientras su esposo hacía música con la ocarina)

-Túpac Yupanqui murió en 1493, envenenado en una conspiración buscando el ascenso de Cápac Huari, el hijo de una esposa secundaria llamada Chuqui Ocllo. Los conjurados fueron descubiertos y ajusticiados por los leales a Huayna Cápac.

Habréis visto, así como nosotros vamos hacia el Cusco, de allá llegan familias enteras en pequeños grupos, se presentan exhaustos, no del camino, sino del miedo a ser detenidos, vienen huyendo. En la ciudad se ha instalado el terror, los militares, funcionarios y todos los partidarios de la concubina Chuqui Ocllo se marchan, con sus familias, apresuradamente intentando salvar sus vidas, pues los seguidores de Huayna Capac buscan a todos lo que en el futuro pueden ser enemigo

Descubrí que yendo con Hawka y Limachi era más seguro hacer los caminos y alojarme en los Tambos, si iba solo sería detenido pues no tenían ningún motivo para justificar mi marcha, con ellos yo era su sirviente, por eso los seguí hasta el Cusco, además me aseguraron:

-Marcharemos por las aldeas del camino de la costa cuando termine la fiesta.

Podría ir acompañándolos, pero sería a su ritmo, parando en aldeas y Tambos para contar las historias. Ya me había demorado seis años desde mi salida de la Aldea, a las órdenes de Nina (Mujer vivaz) y parecía necesario tardar un poco más, así aseguraba la vuelta.

Pasó el tiempo y en compañía de Hawka y Limachi casi me convertí en un cuenta-historias, a veces sustituía a Limachi en sus narraciones, mientras ellos hacían música acompañando mi relato. Fue un tiempo muy agradable y cada vez se alejaba de mí la urgencia de volver, sobre todo cuando me uní a Yuria (Alba, aurora) la conocí en el Cusco, su marido la había abandonado y con facilidad congeniamos, además cada vez más me gustaba la vida andariega, haciendo honor a mi nombre y me daba oportunidad de conocer a tantas personas de distintas culturas. Después de la fiesta nos pusimos en camino una vez más, rumbo a la costa, los cuatro: Hawka (Libre de preocupaciones) y su esposo Limachi (Conocedor de los caminos), Yuria (Alba, aurora) y yo; con las llamas formamos una pequeña caravana, dispuestos a enseñar nuestras historias en aldeas y Tambos. Descendimos por un valle, acompañando a un río, seguro nos llevaba hasta el mar y encontraríamos aldeas en sus riberas. Después de varios días de marcha.

-¿Qué es eso -dijo Yuria, señalando una enorme imagen- ocupa parte de la ladera

-Es una imagen-dije- del mismo estilo del Adorador del Sol, en palabras de mi amigo Mayta. Pero esta imagen es claramente más humana, y mira hacia donde saldrá el Sol al día siguiente y se iluminará con lo primeros rayos.

-También en el llano hay otra-apuntó Limachi- la figura de colibrí tiene dimensiones colosales.

Me quedé asombrado, era un paisaje desértico y lleno de estas figuras inmensas.

Seguimos avanzando para encontrar las ruinas de una ciudad construida sobre una colina muy próxima al río, parecía llevar siempre agua pues se podían vislumbrar zonas de cultivo en las orillas. En la ciudad, desde donde estábamos, se veían varios edificios grandes, semi-derruidos y también una gran pirámide escalonada del estilo del Templo de nuestra Aldea junto al Virú, pero todo era muchísimo más grande e impresionante.


Descubrimos un Tambo incaico, no estaba muy lejos, pero al empezar a caminar, parecía alejarse.

Ya oscurecía cuando llegamos, nos acercamos con prevención, ¿no sabíamos lo que encontraríamos? Aunque sí conocíamos como funcionaban y la importancia de caer simpático al Iwxawi (Jefe de un Tambo). Escuchamos el ronco sonido de un Pututu, un penacho de plumas blancas adorna su cabeza. Observe como un Chasqui salía a su encuentro y ambos recorren un tramo juntos, en esos metros escucharía los mensajes traídos de viva voz y tomaría la bolsa con los quipus y los objetos enviados por el Inca. Para hacer más rápido el relevo, el agotado Chasqui, le acamparía un tiempo comprobando si el nuevo Chasqui había memorizado todos los mensajes, luego volvía al Tambo a comunicar las noticias públicas, comer y descansar. Aprovechamos el pequeño tumulto para presentarnos.

-Me gustaría hablar con el Encargado, somos unos viajeros camino del mar, mi nombre es Ankalli y necesito ayuda para volver a mi Aldea.

-Yo soy Jalaru (Favorecedor) el Jefe de este pequeño Tambo -se presentó un hombrecillo con solo un brazo y ojos curiosos- no parecéis de estas tierras.

-No, por supuesto, hace unos Plenilunios yo caí del barco donde viajaba en misión comercial de mi Aldea, desde entonces estoy vagando con esto amigos buscando la ruta de vuelta al río Virú, pero no encontramos el Gran Camino a Cajamarca.

-Muy lejos estáis -contestó con una sonrisa su esposa Qhispisisa (Flor de libertad)- este es un pequeño Tambo en un camino poco transitado, apenas lo recorren mis hijos haciendo de chasquis: llevando y trayendo noticia y mandatos.

Qhispisisa nos pidió que les acompañáramos en la comida.

-He visto solo desierto -expliqué cuando recibí mi parte- las ruinas de una ciudad y esas figuras tan extrañas. No me parece un lugar muy transitado ni cultivado.

-Pues, hace algún tiempo -dijo Jalaru- pasó por aquí un sabio y nos explicó muchas cosas de esas imágenes. Parece que fueron hechas hace bastantes años, por un pueblo ya desaparecido; dejó las figuras como recordatorio de su manera de honrar a la Pachamama. Para ellos los tatuajes más importantes de la Pachamama son los ríos: llevando su Sangre, surcando su cuerpo ocasionando figuras asombrosas. A imitación, ellos han creado esas imágenes como tatuajes ofrecidos a la Pachamama. Su adoración consistía en circular -danzando- por los caminos formados por las realizadas en los llanos, mientras en las laderas de los montes las figuras suelen ser más o menos humanas en actitud de admiración o adoración.

-Debían reunirse mucha gente -apostilló Hawka- pues algunas líneas son muy largas.

-Cada celebración se desarrollaba durante varios días en torno al Plenilunio del Calor: consistía en hacer un tatuaje o terminar un empezado el año anterior. Todo marchar danzando, a la vez, esparcen agua por el camino: simulando un río, aparentando la sangre de la Pachamama. Los que iban en cabeza derramaban el agua de su cántaro, cuando lo terminaba, los de detrás avanzaban ocupando su lugar y haciendo lo mismo con el agua de su cántaro. Así peregrinaban entre músicas y danzas. Todo se desarrollaba lo largo de la noche a la luz de a Luna y de las antorchas. La ceremonia terminaba cuando cada uno se habían quedado sin agua. En ese momento se detenía la cabecera y todos se sentaban sobre el camino, entonando: cánticos a la Pachamama. Así permanecían hasta el comienzo del nuevo día. Cuando los rayos del nuevo Sol los iluminaba, se tendían durante un rato, boca arriba, en agradecimiento.


-Solo me queda -dijo pensativo Limachi- admirar la belleza de esa ceremonia ¿La ciudad también fue construida por ese pueblo?

-Esa población es conocida como Cahuachi -empezó a narrar Jalaru- era el principal centro ceremonial de ese pueblo, su nombre significa (lugar donde viven los videntes). Se trataba de un sitio religioso con muy pocos habitantes, pero con el tiempo fue creciendo hasta convertirse en una gran ciudad, con varias pirámides truncas construidas en adobe y grandes templos, pero hace mucho tiempo fueron abandonadas. Creció, sobre todo por su situación, junto al río Nazca con caudal de agua a lo largo del año, eso es poco frecuente en los ríos de esta zona; además, subiendo por el propio valle es fácil llegar a los Andes, donde conseguían abundante lana de vicuña y alpaca junto con otras riquezas. Una vez al año, la ciudad bullía de visitantes para la celebración del Plenilunio en los Tatuajes. Pero eso son cosas del pasado, ahora nuestra vida es mucho más sencilla, muy pocas veces ha visitado este Tambo alguna Autoridad, por supuesto, jamás ha venido el Inca.

Cuando yo entre a presentarme, uno de sus hijos, llamado: Kanki (De gran personalidad) acababa de llegar del Tambo de orillas del mar, donde había recogido y aquí entregado al siguiente, los Quipus con destino al Cusco.


-Solo formamos parte -me explico, antes de retirarse a dormir- de la maquinaria de comunicación entre el Cusco y la costa. Muchas veces he trasportado el pescado para el Inca, lo llevamos fresco en unos pocas jornadas, del mar hasta la cocina del Inca, recorriendo una distancia de 600 kilómetros en ascensión en solo tres días. Gracias a Inti, a mí me toca una etapa, minúscula, de todo ese recorrido. Además tiene una ventaja: cuando se lleva algo pesado, vamos dos o tres y hasta podemos ir conversando, tal vez la parte más dura de nuestra misión es la soledad. El esfuerzo de la carrera se compensa con la coca, somos los únicos autorizados, junto con algunos privilegiados, a mascarla aunque solo durante nuestra carrera.

-Pero -preguntó Yuria-¿todos los Tambos están a la misma distancia?

-No necesariamente -afirmó Kanki- desde el anterior Tambo hay 25 kilómetros y hasta el siguiente casi 30, pues la distancia depende de las dificultades del terreno, lo normal es tardar una dos horas de carrera, siempre se corre poniendo todas nuestras fuerzas. Como hacemos los dos mismos recorridos, un día: ida y vuelta al más cercano al mar y al día siguiente: ida y vuelta al más cercano al Cusco. Algunos nos vamos midiendo el tiempo invertido, con el deseo de ir haciéndolo cada vez en menos tiempo.

Aquella tarde dimos una sesión de historias en el patio del Tambo, cada vez se desarrollaban con más música. Yuria era una virtuosa con la ocarina, yo solo podía colaborar -marcando el ritmo- golpeando un cántaro lleno de chicha con un mazo pequeño de madera, cuando no me tocaba hacer alguna narración.

Pasaros los meses mientras nos acercábamos a la Aldea, al llegar me entere, como al darme por muerto, la venida de los expedicionarios había sido muy triste, además, mi esposa termino volviéndose a casar.

Yo me sentía muy bien con Hawka (Libre de preocupaciones), su esposo Limachi (Conocedor de los caminos) y Yuria (Alba, aurora). No quería volver a encerrarme en la Aldea con sus rutinas. Después de un tiempo contándoles mi historia y también las narraciones como hacíamos en todas las aldeas y Tambos.

Una tarde, a modo de despedida, organizamos una representación de nuestras historias.

HAWKA (puesta en pie en uno de los escalones de Templo, dirigió la mirada a la MAMA-COYA y comenzó, al mismo tiempo la música de la ocarina de YURIA llenó todo lugar)

-Esta narración se la escuchamos a Chun (Silencioso, tranquilo) uno de los criados personales de la princesa Mama Ocllo, esposa principal y hermana de Túpac Yupanqui.

Formábamos un pequeño grupo dentro del gran ejército. En el grupo estaban las numerosas esposas secundarias y concubinas y la multitud de hijas e hijos. No tengo problema en decir: Huayna Capa, el hijo menor de Mama Ocllo, desde niño era mi favorito, con él jugaba y le acompañaba cuando salía de caza, el ambiente era muy peligroso moviéndonos entre una y otra guerra por los pueblos vecinos. Túpac Yupanqui, después de vencer a los Señores de Chan-Chan desplazo su ejército más al norte, conquistando Quito y derrotando a los Cañaris. De vez en cuando nos llegaba la orden de Pachacutec de ir al Cusco, para cumplir el indispensable requisito de ser nombrado oficialmente Hatun. Entonces toda la familia nos dirigimos a cumplir los deseos de su padre.

Pachacútec, todavía con vida salió a nuestro encuentro con el deseo de conocer a su nieto de quien había oído hablar elogiosamente. Huayna Capac causó muy buena impresión al anciano y le mandó dirigiera la ceremonia de la toma de la fortaleza de Sacsayhuamán por el ejército, todos los años se hacía en recuerdo de la batalla cuando defendieron la ciudad en la guerra con los Chancas. A Pachacútec le gustó tanto la actuación del joven y poco a poco vimos como lo convirtió en su favorito.

El ambiente en la corte del anciano Inca estaba enrarecido por la inminencia de su muerte. De ese nido de intrigas nos marchamos a una nueva pacificación, una vez más los Cañaris se había sublevado, creando problemas en el norte del Imperio. Durante esa campaña, nos llegó noticia de la muerte de Pachacutec y todos pensamos en Huayna Capa, el más pequeño de los hijos de Mama Ocllo, como heredero, en medio de estas discusiones, una de sus concubinas enveneno al Inca Túpac Yupanqui para conseguir fuera uno de sus hijos el sucesor. Había logrado el apoyo de cierto sector de la nobleza para sus propósitos y propició una insurrección. Yo protegía al joven Huayna Capa, el hijo del Inca Túpac Yupanqui y de la princesa y esposa principal Mama Ocllo. Lo primero, una vez designado Inca, fue reprimir la rebelión de uno de sus setenta hermanastros. Nombró consejero a su tío, para así tener su apoyo, pero fue difícil asentarse en el poder, era todavía un niño y vivimos un tiempo escondidos en Machu Pichu para escapar de las intrigas de la codiciosa concubina de su padre. Allá estuvimos varios Intis Raymi un gran fiesta instaurada por su abuelo el Inca Pachacutec muerto unos 20 años antes.

LIMACHI (se acercó a la MAM-COYA, y pidió permiso para seguir, volviéndose hacia la gente, continuo)

-Con un inicio tan agitado empezó el gobierno del nuevo Inca, dedicó todos sus esfuerzos a consolidar los terrenos conquistados por su padre y sofocar las revueltas de provincias levantiscas. Asumió el control político y religioso del Imperio. Por primera vez se concentraban todos los poderes en una sola persona. Sus campañas tenían la tendencia a dirigirse siempre hacia el norte. Entre las primeras al reino de los chachapoyas, que se habían rebelado -una vez más- al poder imperial aprovechando la muerte de Túpac Inca.

El Inca se encontraba en los funerales de su madre cuando tuvo noticia del alzamiento y dispuso marchar de inmediato a la región. Los primeros choques resultaron favorables a los chachapoyas, haciendo retroceder varias veces al ejército incaico. La política incaica de renovar las tropas dio sus frutos, una nueva oleada de gente fresca terminó por aplastar a los agotados, pero heroicos chachapoyas, quienes ofrecieron paz incondicional.

Sin embargo, pese a su relajamiento y a su apego por la bebida y las mujeres, no puede negarse: mantuvo sólidamente unido el Imperio fruto de su gran capacidad de liderazgo, gran voluntad y un admirable arrojo.

Designó a su hijo Huáscar como su sucesor, permitiéndole correinar. Dejándolo a cargo del gobierno del Cuzco, emprendió una expedición compuesta por un ejército de doscientos mil hombres, sin incluir mujeres y yanas. En su recorrido por el Imperio llego hasta el norte, con el propósito de incrementar su poder en dicha zona, Huayna Cápac contrajo matrimonio con Paccha Duchicela, la reina de Quito: Shyri XVI. Trasladó la Corte imperial a Quito, moviéndose así hacia el norte el centro político del Imperio.

Huayna Cápac, dejó una numerosísima descendencia. De los hijos varones, alcanzaron renombre: Huáscar, legítimo y Atahualpa, ilegítimo. De todas maneras, de los hijos del Inca no importaba su origen materno: eran hijos del Inca, y eso era lo importante.

A mí me cedieron el honor de terminar la narración, (la había oído numerosas veces contada por HAWKA)

-Tradicionalmente, el Inca dejaba el trono a su primogénito. En el caso de Huayna Cápac, sin embargo, su hijo mayor, Ninan Cuyochi, falleció antes que él. Aunque poco después, Huayna Cápac se encontró en su propio lecho de muerte, y fue esta la razón para romper la tradición y dividir el imperio entre sus dos hijos menores: Huáscar y Atahualpa.

Decidió dejar como Inca del Cuzco a Huáscar mientras Atahualpa sería el Inca en Quito pues su madre era la Reina Shyri XVI.

Huáscar veía en Atahualpa la mayor amenaza a su poder, había pasado una década combatiendo en las campañas de su padre y tenía el apoyo de muchos militares. Permitió permaneciera como gobernador de Quito, por respeto a los deseos de su difunto padre, pero con dos condiciones: que no hiciera campañas militares para expandir sus territorios y que se reconociera vasallo suyo y le pagara tributos. Atahualpa aceptó.

Todo salto por los aires cuando Huáscar ordenó a su medio hermano Atahualpa, presentarse en Cuzco, llevando el cadáver de Huayna Capa y le jurara formalmente su vasallaje.

El ejército Atahualpa cayó sobre la Ciudad Imperial, fue saqueada y destruida completamente. Huáscar fue hecho prisionero y obligado a presenciar esta destrucción. Se buscaba no dejar vestigios de la ciudad del Cusco, así como de su arrogante nobleza imperial.

Aquella tarde volvimos a ver los ojos embelesados de quienes nos atendían, todos tenía deseos de conocer los hechos más relevante.

Después de unos días en la Aldea, con la autorización de la MAMA-COYA, me uní a los tres y seguimos el camino, llevando a quienes nos querían escuchar, el conocimiento de las historias de nuestro pueblo.



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