
DÍA VIERNES
Don Miguel les recibió con más documentos, en los que encontraron información sobre la llegada y primeras actuaciones de los españoles, casi sin saludarles les dijo:
-Si los capítulos anteriores eran muy interesantes reflejando la realidad de una sociedad rica en pensamientos y culturas. El capítulo sobre la llegada de los españoles, es también muy ilustrativo pues nos muestra la situación ventajosa que encontraron los invasores al estar el Impero Incaico dividido en una lucha sucesoria. Cuando Ayka y Purik se encuentra con unos españoles en su viaje hacia el norte en el Estuario del Virrilá, ven que se comportan de una manera muy extraña: quieren ganárselo, actuando como gentes pacíficas. Pizarro llegó a castigar alguna actuación agresiva, contra los habitantes de una aldea por la que pasaron. Cuenta Hernando de Soto, que llegó con cuarenta hombres a un lugar donde descubrieron un pueblo destruido por la guerra, pero con los depósitos llenos de alimentos. Los soldados quisieron repartirse el oro y las mujeres, pero Pizarro les había mandado: no se debía hacer ningún daño a los nativos y los contuvo con dureza. Lo mejor seria conseguir -como Hernán Cortés en México-, que los nativos participasen a su lado en la lucha contra los incaicos.
-¿Pero fueron muchos -preguntó Juan- los pueblos que apoyaron a los españoles?
- Bastantes -dijo Don Miguel- con algunas tribus fue muy fácil; el caso de los cañaris es notable, resulta que menos de cien años antes de la llegada de los españoles, los soldados incaicos se habían adueñado de su tierra: los cañaris la llamaban Guapondelig, "valle tan grande como el cielo". Y lo conquistaron por la fuerza, puesto que los cañaris -valerosos guerreros- se opusieron con toda su fuerza. En la ciudad de los Cañaris, mataron 60 mil hombres, porque le habían sido contrarios. Tanto es así, que los incaicos llamaron al valle Tomebamba o "Valle del cuchillo", porque fue con un cuchillo con lo que abrieron el pecho de los cañaris para dar ejemplo. Con estos antecedentes, la llegada de los españoles fue vista como una liberación por los cañaris que no dudaron en aliarse con los conquistadores en su lucha contra el inca. Otras tribus colaboraron: los chachapoyas e incluso los chimús pues, todos habían sido conquistados por la fuerza, solo unos pocos años antes y por tanto eran pueblos recientemente aniquilados, con muchos miembros heridos o con familiares masacrados pidiendo justicia.
"Hubo dos tipos de factores. Los conocidos que son la guerra entre los dos hermanos (Huáscar y Atahualpa), la pólvora, los caballos. Pero el factor desconocido es: los grandes señores andinos querían sacudirse el yugo del Inca, porque les habían quitado sus mejores tierras. Se sentían despojados y la llegada de Pizarro los ayudó", precisa una historiadora peruana, María Rostworowski.
-Nos ha llamado la atención -comentó Juan- la noticia del noble chimú sobre la matanza de niños y llamas. ¿Solo sabíamos de los sacrificios humanos de los aztecas en México? ¿Qué paso el Perú precolombino?
-Hasta hace muy poco los sacrificios humanos en el Perú se reducían a unos pocos caso, había rumores que se habían dado entre los mochicas y los chimús. Los caso de algunos niños ofrecidos en situaciones muy especiales por los incaicos, eran excepcionales, apenas se han encontrado una docena de momias en las laderas de montañas a gran altura. Por eso ha sorprendido tanto, la evidencia del que podría ser, el mayor sacrificio humano de menores, en el continente y en el mundo. Recientemente se ha encontrado en la costa norte peruana, a pocos metros del océano Pacífico y cerca de Chan-Chan: la ciudad de barro más grande de Latinoamérica; las huellas del sacrificio de los chimús que relatan en el manuscrito. En un artículo reciente, el arqueólogo Prieto escribió: "a partir de lo investigado, el sacrificio de los niños podría haber ocurrido por la presencia del fenómeno climático conocido como El Niño -caracterizado por el calentamiento de las aguas marinas- que causan potentes lluvias e inundaciones. Posiblemente ofrendaron lo más importante que tenían como sociedad y lo más importante es el futuro, los niños, y las llamas eran animales muy importantes en su economía porque en esa época no había caballos ni otras bestias de carga". En la ceremonia los chimús, auténticos expertos en anatomía, sacaron el corazón a cientos de infantes y llamas, luego de cortar el esternón y abrir la caja torácica.

También se están hallando certezas de esos sacrificios entre otras culturas precolombinas, lo que puede explicar la sensación de libertad -de algunas personas- al descubrir que los conquistadores no hacían ningún sacrificio humano a su Dios. Es cierto que habitualmente, eran sanguinarios, pero a la vez proclamaban la absoluta necesidad de respetar la vida humana. En las batallas, en la que con asiduidad, estaba en minoría, se revolvían causando el mayor número de herido y muertos; ya la vez les repugnaba todo sacrifico de inocentes.
-El amauta Chikan -apuntó Rosa- habló de la contestación creciente a los conquistadores.
-Desde el comienzo de la conquista -continuó don Miguel- hubo grupos de nativos que se rebelaron contra los españoles, los incaicos porque no podían aceptar el fin de su imperio y apoyando a sus antiguos generales, plantaron cara a los invasores; con bravura se enfrentaron en algunas batallas, pero o eran derrotados o no quedaban muy bien. Por lo que poco a poco volvieron a sus aldeas. Los que al principio -apoyaron a los españoles- para liberarse de la opresión del los incaicos, fueron poco a poco sintiendo la crueldad de los conquistadores. Con frecuencia actuaban a margen de las leyes emanadas de la Corona, que ni siquiera llegaron a conocer, todo era muy lento y estaban muy lejos. Por avaricia y muchas veces por reacciones injustas se fueron enemistando con los naturales. Pero esa actitud de rechazo totalmente justificado fue aumentando también entre los hijos de los conquistadores, los criollos: nacidos en América, pero con frecuencia, enfrentados a sus padres, pues al haberse criado en una nueva sociedad, tan distinta de la cultura que sus progenitores trajeron de España, no podían aceptar comportamientos ni actitudes muchas veces inhumanas que les repugnaban. Otro grupo, cada vez más numeroso eran los mestizos: tenían la herida del abandono, o no conocían quien era su padre o habían sido rechazados; esa era una marca de nacimiento que los relegaba socialmente. Y por último la multitud de nativos, descendientes de incaicos, chinchas, chachapoyas, chimús e incluso cañaris.
-Pero, quienes fueron los auténticos responsables de la Independencia.
-He leído un libro del profesor italiano: Vincenzo Paglione, sobre Juan Pablo Viscardo y Guzmán: un arequipeño que inspiró las independencias de América. Fue descendiente de una familia criolla, de buena posición económica y tenía el quechua como lengua materna. Un intelectual exiliado por ser jesuita, del Perú a Italia, al ordenar Carlos III la expulsión de los jesuitas de España y sus colonias. Estando en Italia se enteró de que Túpac Amaru II se había rebelado en el Cusco, en septiembre de 1781. Escribe dos cartas al cónsul inglés, en las que propone que su gobierno ayude a los rebeldes peruanos, argumentando:"el Perú es una comunidad nacional integrada por criollos, mestizos e indios, y sometida a una metrópoli que ejerce su opresión a través de los peninsulares, extranjeros advenedizos, usurpadores y enemigos de las gentes del país". Escribió en su "Carta a los españoles americanos". Viscardo postulaba, por primera vez una idea de nación "criollista", tal como se convendría dos décadas más tarde. Ha sido reconocido por los historiadores reunidos en el tercer congreso de Historia de América realizado en Buenos Aires, como el "primer precursor ideológico de la independencia americana". Esos españoles americanos son los criollos, los auténticos responsables de la Independencia que se logró años después.
-¿Qué le ha parecido la historia de Don Diego?- intervino Rosa- parece un personaje peculiar.
-La verdad que muy interesante. Resumen bastante bien la realidad de los conquistadores, con gran sinceridad, acepta la visión negativa de su actuación, tal como ahora la vemos; no justifica acciones frecuentes, pero inhumanas causadas por algunos españoles. Desde el principio aseguraron los clérigos que los nativos tenían alma, era la que había que salvar. Entre los indígenas, no era tan clara la existencia de una parte espiritual, aunque algunos de sus sabios explicaban que pasaba a la otra vida algo distinto del cuerpo que dejaban en la tumba. Parece que también -entre los españoles- algunos ponían en duda que tuvieran alma, y así se justificaban para tratarlos casi como animales en trabajos extenuantes y con castigos degradantes.
-¿Cómo fue -quiso saber Juan- la entrada de Pizarro en el Perú?
-Un cronista aseguraba que, cuando por tercera vez llegó Pizarro al Perú, encontró el pueblo construido por sus hombres a orillas del río Tumbes, quemado y destruido por el ataque de los nativos. Al hacer averiguaciones sobre esas tierras, se enteraron de la guerra fratricida en la que se encontraba el Imperio y esa situación podía serles muy útil para la invasión y conquista. Nos cuenta el cronista Mena, que Atahualpa había enviado a un capitán suyo, disfrazado para espiar a los conquistadores. Este capitán propuso atacar al ejército español en un desfiladero, pero el Inca incomprensiblemente se lo impidió. Durante varios días continuó Pizarro su camino hacia la sierra hasta que llegaron cerca el real de Atahualpa. El Inca les mandó regalos de carne asada, maíz y chicha. Pero un Curaca (jefe de nativos) amigo de los españoles les recomendó no probar bocado por temor a que fuesen víveres envenenados.
-¿Y el primer encuentro con Atahualpa? -pregunto Rosa
-Por fin, un día al atardecer entraron sigilosamente en Cajamarca, temerosos de algún encuentro armado. Hernando de Soto y Hernando Pizarro solicitaron a Francisco Pizarro permiso para dirigirse al campamento de Atahualpa que estaba en los Baños. Fueron los dos solos y encontraron al Inca sentado a la entrada de una casa rodeado de sus principales y de sus mujeres. Soto se acercó caracoleando su cabalgadura tan cerca del soberano que una borla de su tocado, se movió con el resoplido del caballo. Pero el Inca no hizo el menor gesto de sorpresa o de temor. Así era su actitud, plena confianza en su poder, ante aquellos monstruos montados en caballos. El encuentro definitivo en Cajamarca se hizo esperar, pero al fin se presentó con todo su esplendor y sin pizca de cobardía
-Desde luego -apuntó Rosa- ¿cuánto más estudiamos esto hechos, más nos sorprende la actuación de Atahualpa?
-Es la actuación de una persona sumamente inteligente, pero desbordada por los acontecimientos: todo lo que era para siempre, se ve removido bruscamente, tenía una confianza ciega en el poderío incaico. El sistema de terrazas para aumentar la cantidad de tierra de cultivo y la infraestructura de caminos, que recorrían todo el territorio, dando facilidad al traslado de mercancías y de soldados, son los dos aspectos más destacados. Lo consideró claves para entender el desarrollo y pujanza del imperio incaico.
D. Miguel tenía aquella tarde una cita con el médico, pero antes de despedirse le dijo:
-Lo que sucedió después durante el encuentro en Cajamarca está perfectamente descrito en el Manuscrito, así como la muerte de Atahualpa. Aunque no se menciona nada, el hecho es que D. Francisco Pizarro y su esposa Inés Huaylas, tuvieron una hija llamada Francisca Pizarro Yupanqui. Tras el fallecimiento de su padre, Francisca era descendiente legítima del Gran Marqués de la Conquista y de la Familia Imperial Incaica de Huayna Cápac, pues era hermanastra: tanto de Huéscar como Atahualpa, los dos últimos Incas Supremos. Por eso fue cortejada por algunos notables españoles, entre ellos su tío Gonzalo Pizarro, que entonces tenía treinta años. Si se hubieran casado serían una poderosa pareja, con capacidad de intentar coronarse reyes del Perú, al menos eso temían en España.

Francisca fue llevada a España en 1550, y allí casó en primeras nupcias, a la edad de veinte años con su tío Hernando Pizarro que ya tenía cincuenta años cumplidos, de esta unión nacieron cinco hijos: Francisco, Juan, Gonzalo, Isabel e Inés, pero la descendencia de los Pizarro y la princesa Inca Inés en la actualidad ya se ha extinguido.
Por la prisa por su consulta médica, se despidieron hasta el día siguiente en el que Rosa y Juan habían invitado a Doña Claudia y Don Miguel a cenar en el Hotel
